La Educación es un motor para la transformación y desarrollo personal y comunitario. Por ese motivo, es necesario entenderla como:
Una necesidad básica: más allá de las necesidades ligadas directamente con la supervivencia, lo que nos distingue como humanos es la participación en la cultura, a la que sólo se llega a través de la educación.
Un derecho esencial: la educación es un derecho humano, recogido como tal en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y en la Convención sobre los Derechos de la Infancia (1989). Todos tenemos derecho a la educación y a acceder a todas las oportunidades que ésta posibilita sin ningún tipo de discriminación.
La llave del desarrollo: contribuye decisivamente al bienestar de las personas y permite el acceso a formas de conocimiento técnico que pueden mejorar el bienestar propio y de los grupos humanos a los que pertenecen y en los que participan. El acceso al conocimiento favorece la participación, la defensa de los derechos individuales y colectivos, aumenta la calidad de vida y reduce la dependencia de las personas y los grupos humanos respecto a diversas instancias de poder.
Por eso, no podemos hablar de desarrollo ni de erradicación de la pobreza hasta que no esté garantizado el derecho a la educación. Una educación pública, de calidad, transformadora, integral, participativa y comunicativa para todos y todas. Es la forma de caminar hacia un tipo de relaciones equitativas, no discriminatorias, participativas y hacia la construcción de un mundo que ofrezca oportunidades a todas las personas.
Pero, a pesar de la importancia de la Educación para lograr una vida digna, el derecho a la misma continúa sin estar garantizado para todos y todas. Según las cifras que aportan los informes oficiales:
Hay unos 80 millones de niños y niñas en el mundo que no están escolarizados. Un 75% de estos niños y niñas viven en África Subsahariana y Asía Meridional y Occidental.
Las niñas son el 57% del total de niñas y niños sin escolarizar.
Más de un tercio del alumnado de primaria no llega al último grado de este ciclo educativo.
771 millones de personas adultas no tienen las competencias básicas de lectura, escritura y cálculo elemental. |