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30/10/2013

Las pequeñas grandes cosas que nos alientan a trabajar por un mundo mejor

dinar CME Barcelona

El pasado día 24 de octubre 2013, en el marco del Congreso Por el Derecho a una Educación de Calidad organizado por Educación Sin Fronteras en Barcelona, el grupo de coordinación de la Campaña Mundial por la Educación (CME) en Cataluña tuvimos la oportunidad de almorzar y compartir un rato con Camilla Croso (presidenta de la CME). También nos acompañó y Leticia Silvela (coordinadora estatal de la CME). Anna Rossell, miembro de VOLS (una de las entidades del grupo de la CME Cataluña) nos ha hecho llegar sus reflexiones después de aquel encuentro.

 

Quien más quien menos ha tenido en su vida profesional la experiencia de un congreso, de unas jornadas de trabajo, de un simposio; quien más quien menos sabe de estos encuentros, de su utilidad cuando están muy pensados y organizados, y también sabe que, en su marco, tan importantes como las ponencias y los debates que tienen lugar, son los encuentros y los nuevos conocimientos que se hacen por los pasillos, en las pausas, o bien a la hora de la comida o de la cena. Porque a menudo son estos pequeños momentos los más intensos, aquellos que nos permiten conocer de cerca otros colegas, sus proyectos, sus vivencias personales, las situaciones que los ocupan y los preocupan de manera más sensible y es de estos momentos que aprendemos más, porque nos llegan más adentro, porque se produce un intercambio más cercano y auténtico.

El día 24 de octubre tuve el privilegio de compartir con otros profesionales de la educación una de estas comidas enriquecedoras y entrañables en el marco de un congreso que aborda un tema tan fundamental como necesario, más todavía en estos tiempos en que los gobiernos de los llamados “países del norte” –unos más que otros– reducen progresivamente la inversión en los sectores más necesarios y sensibles, aquellos que son esenciales para la construcción de una sociedad justa, democrática e igualitaria en derechos.

Todos/as los/las profesionales que nos sentábamos a la mesa –once- teníamos que ver con la educación, pero todos/as teníamos más cosas en común: todos/as trabajamos activamente en la Campaña Mundial por la Educación (CME). Ocupábamos una mesa redonda, lo que facilitó que pudiéramos tener una única conversación.

Las breves presentaciones nos hicieron ver la diversidad de los lugares desde donde trabajamos por una misma causa y el enriquecimiento –por las diferentes perspectivas- que esto supone para la Campaña, que precisamente este año pone su acento en la educación inclusiva y en la riqueza que aportan las diferencias a cualquier grupo.

Hablamos de temas muy variados, todos importantes: las acciones que emprendemos en común los equipos regionales de la CME en España y las que organizamos de manera diferente según la región, en función de la situación concreta y de las fuerzas y medios de que dispone cada grupo local; alguien preguntó como veía la CME el planteamiento del discurso de Malala Yousafzai, la chica paquistaní de catorce años que fue víctima de un atentado por tener la valentía de defender el derecho a la formación de las mujeres de su país. Hablamos de la importancia de hacer llegar los resultados conseguidos por la CME desde los niveles más altos de decisión hasta el de los/las activistas que trabajamos a pie de calle por la enorme trascendencia que tiene que nuestra lucha –nuestro trabajo- y que los resultados obtenidos queden documentados para las generaciones futuras.

Hablamos de la importancia de los movimientos cívicos en la construcción de una sociedad humanista y humanitaria en la que no se valoren tanto los resultados escolares medibles, los resultados entendidos como conocimientos enciclopédicos y de preparación para perpetuar un sistema que hace tiempo que ha demostrado su inutilidad para el bienestar de la mayoría. Hablamos de una iniciativa de voluntarios gallegos que están viajando por todo el mundo y reúnen datos para comprobar el éxito del esfuerzo de tanta gente que trabaja para la CME. 

Hablamos, en fin, de las pequeñas grandes cosas que nos alientan a seguir trabajando en la dirección que lo hacemos, ampliando cada vez más la red. Salimos de esta comida más alimentados físicamente y espiritualmente. Personalmente salí más resuelta a trabajar por que llegue el día que “buen resultado escolar” sea aquel en que se mida el verdadero crecimiento de la persona en función del bien común, por que llegue el día que la felicidad de una población no se mida en términos de dinero (del PIB), sino de los mejores valores humanos.

(Autora: Anna Rossell; VOLS)