Volver

21/01/2011

Sacarse el nudo de la garganta

Guatemala - Actoras del cambio

“Sobreviví, estoy aquí, estoy viva”. Es el grito de guerra contra el machismo que ha mantenido a muchas mujeres guatemaltecas calladas y ultrajadas a lo largo de más de 25 años. Existe un gran desconocimiento acerca de las violaciones sexuales cometidas durante el conflicto armado interno. Estas mujeres fueron estigmatizadas por sus familias, por sus comunidades y por la sociedad. Eran las “mujeres de los soldados”.

Durante el conflicto armado interno, que duró 36 años, de 1963 a 1996, más de 300.000 personas fueron asesinadas, además de un elevado número de refugiados y desplazados internos, y alrededor de 1.300 mujeres fueron víctimas de violencia sexual. Esa violencia fue guardada en la cajita de la vergüenza con el apoyo de todos los agentes del patriarcado guatemalteco, desde las altas esferas políticas hasta las estructuras comunitarias más básicas.

Existe un gran desconocimiento acerca de las violaciones sexuales cometidas contra las mujeres mayas, lo que ha contribuido a que estas prácticas se sigan perpetuando en el tiempo y a que ellas asuman parte de la culpabilidad de lo ocurrido. Nadie escribió ni registró el sufrimiento de  miles de sobrevivientes a la violencia sexual, sus casos no aparecieron en los informes de la verdad de los hechos en Guatemala, nunca fueron consideradas como parte de un ataque a los Derechos Humanos. Por el contrario esas mujeres fueron estigmatizadas por sus familias, por sus comunidades y por la sociedad. Eran las “mujeres de los soldados”.

La organización guatemalteca Actoras de Cambio, junto con otras asociaciones de mujeres como Ixqik, todas ellas organizaciones socias de Educación Sin Fronteras, decide trabajar a partir del año 2003 la desestructuración de la culpa, la vergüenza y romper el silencio sobre lo acontecido. En sus líneas de trabajo también se abordan diferentes acciones con la juventud en particular, y con la sociedad en general, para contribuir a romper los mecanismos de reproducción de la violencia en contra de las niñas, jóvenes y mujeres. Se construyó una metodología para abordar las consecuencias psicosociales en la vida de las mujeres mayas que fueron víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado, con el propósito de romper el silencio y la culpa, a través de procesos de sanación con énfasis en la autoconciencia y autoafirmación.

El genocidio y el feminicidio

Simultáneamente al trabajo de acompañamiento de las mujeres víctimas de violencia sexual para generar procesos de sanación, de empoderamiento, de reconstrucción de la memoria histórica y de la lucha por la justicia, se llevó a cabo una investigación capaz de vislumbrar lo que las mujeres mayas habían guardado bien adentro durante tantos años.

El Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG) y el Consorcio de Actoras de Cambio publicaron en el año 2009 un trabajo de recuperación de la memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violencia sexual durante el conflicto armado. La investigación sacó a la luz los testimonios de 54 mujeres que a través de sus voces “nombran el crimen, rompen con la culpa, y devuelven el alma a las que sienten que la habían perdido”.

Tejidos que lleva el alma devuelve a las mujeres mayas su condición de humanas y de seres históricos y las reconoce como víctimas de una gran arma de guerra como lo es la violación sexual. Estos ataques a las mujeres no se producen en el vacío ideológico, son un fuerte mecanismo para humillar y demostrar poder a los hombres sospechosos de estar involucrados en la guerrilla.

Las mujeres violadas durante la guerra fueron estigmatizadas por haber tenido sexo con otros hombres que no fueran sus esposos o compañeros. La moral del pecado y de la repulsión a la sexualidad y al sexo no dejó ver la violación como un ataque a la integridad y libertad sexual de las mujeres, sino como un ejercicio de poder por parte del ejército sobre los hombres indígenas como los poseedores de esas mujeres.

En algunos testimonios suministrados por miembros del propio ejército y recogidos por la Comisión de Esclarecimiento Histórico se reconoce la violación sexual, al igual que las masacres a los pueblos indígenas, como parte de los rituales de la planificación militar:

El oficial tiene sus grupitos de asesinos y les dice como tienen que matar. Hoy van a degollar o guindar con alambres, hoy violan a todas las mujeres. Muchas veces la órdenes las dan antes... violan a las mujeres... por una sola pasaban 20 o 30 soldados. Si caía bien la mujer, la dejaban ir, a otras las mataba el último que pasaba con ella (CEH, Capítulo III:29).

La guerra evidenció el poder absoluto del ejército sobre la vida de las mujeres, dejándolas con un sentimiento de gran vulnerabilidad. Además las violaciones continuaron como algo muy común  después del período de las masacres, se prolongaron como una característica del dominio militar sobre las comunidades.

La impunidad de los autores de los crímenes sexuales cometidos durante el conflicto armado interno, así como la falta de voluntad política para esclarecer los acontecimientos ha privado a las guatemaltecas su derecho a la justicia, ha truncado su derecho a la verdad y ha vaciado el derecho a la reparación de su contenido de dignificación.

Contar lo sucedido, curar el susto y aliviar el corazón

Después del trabajo, que se llevó a cabo desde 2003 a 2008 con 62 mujeres de varias comunidades de los departamentos de Huehuetenango, Chimaltenango, Alta Verapaz e Izabal, surge la necesidad de emprender medidas para que la historia no se repita. Es entonces cuando se piensa en trasladar todos los conocimientos recogidos al ámbito educativo, por considerarlo como un agente socializador y por tanto transmisor de nuevos valores y actitudes capaces de generar un cambio.

Nace así la voluntad de iniciar un proceso de formación de maestras, maestros y alumnado de institutos de educación básica, para trasladar elementos conceptuales y metodológicos, recogidos a lo largo de la experiencia y abordar la problemática de la violación sexual en la guerra y en la actualidad dentro de las aulas. También se elaboran guías didácticas para apoyar el trabajo con las y los alumnos de educación básica.

Educación sin Fronteras apoya la creación de estos aprendizajes y la dotación de herramientas que les permitan a los maestros abordar la memoria histórica vinculada a la guerra y a la violencia sexual contra las mujeres. Se contribuye de esta manera a la no repetición de la guerra, y a la creación de condiciones para vivir en paz y armonía. Se consigue abordar el conflicto bélico y sus causas desde la perspectiva de los pueblos indígenas y la equidad de género.

Además, gracias a la colaboración de ESF, Actoras de Cambio ha conseguido hacer campañas de visualización de su trabajo. Son las voces de las propias mujeres víctimas de violación sexual las que sensibilizan a la sociedad, con la misión de acabar con su estigmatización y demostrar públicamente lo que han sufrido en sus propias carnes. Entre estas actividades se realizan festivales por la memoria. El primero de ellos tuvo lugar el 25 de noviembre de 2009 en Huehuetenango. “Mujeres y guerra” se convirtió en la primera válvula de escape para las guatemaltecas que se atrevieron a hablar y a explicar públicamente sus vivencias. Los testimonios en primera persona impregnaron un ambiente de justicia que va más allá de lo que entendemos por justicia penal o formal y cuya misión principal es “sacar afuera” lo que se había enterrado en sus cuerpos.

El último encuentro del año

Un autobús coloreado con cintas, huipiles y cortes de decenas de mujeres indígenas de varios departamentos guatemaltecos partió desde Ciudad de Guatemala hacia Cobán, cabecera de Alta Verapaz. Allí tendría lugar el cierre del año, el último gran encuentro de todas las organizaciones de mujeres que junto con Actoras de Cambio trabajan por el esclarecimiento de la violación sexual ocurrida durante el conflicto bélico.

Tres días para reconocer que han sido víctimas de un crimen de lesa humanidad, que sus cuerpos fueron utilizados como objetos para conseguir amedrentar a las poblaciones indígenas; tres días para aprender a arrancarse la culpa, la vergüenza y la estigmatización social de la que han sido víctimas. En definitiva, tres días para “romper el silencio”.

Después de años trabajando con Actoras de Cambio, las mujeres de  Huehuetenango, Chimaltenango, Alta Verapaz, Izabal y Petén se sienten con la seguridad de poder alzar la voz, se saben en un lugar seguro, rodeadas por “iguales”, por mujeres que han sufrido lo mismo que ellas. Poco a poco han ido cimentado las bases para la recuperación de su autoestima. Han aprendido a superar los tabúes sociales, conocer su cuerpo, hablar, bailar.

Se reúnen para sanar su mente, vivir en paz consigo mismas, ampliar las redes de organización y mejorar las condiciones de las generaciones de mujeres venideras. “Hay que seguir hablando, seguir diciendo, y seguir exigiendo nuestros derechos a la justicia, porque no es justo que nos violen, para que algún día no muy lejano, ya no le hagan daño a las niñas y a las mujeres”.

Dejar de ser el pato feo

Todas y cada una de las mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual durante la guerra han tenido que soportar las miradas inquisidoras y las ácidas críticas de sus comunidades, de sus vecinas mujeres, que a pesar de saber por lo que han pasado las siguen culpando por haber tenido sexo “con otros hombres” como si se tratase de una decisión propia y libre.

Doña Germana explica que sus vecinas la llaman “puta”, le dicen que sólo acude a los talleres porque le dan “pisto”. “Nosotras no queremos pisto, sólo queríamos sacarnos esto que llevaba tanto tiempo apretándonos el pecho, y lo hicimos”.

Descolgar los crucifijos

La recuperación de la armonía con la naturaleza y la identificación de sí mismas como mujeres mayas es otra de las apuestas de Actoras de Cambio en su trabajo con las guatemaltecas. Se trata de restituir de nuevo lo que les fue arrasado, primero por la iglesia católica y más tarde por las evangélicas que fueron tomando poder tras la guerra.

El antropólogo Richard Wilson, asegura que “la cruz triunfó allí donde la espada había fracasado en su empeño”. Fue por tanto un fuerte instrumento de “pacificación” y colonización de los pueblos mayas. Pero su resistencia cultural se ha mantenido hasta nuestros días provocando una “indigenización del cristianismo y una cristianización del pensamiento indígena”.

La recuperación de la cosmovisión maya toma para estas mujeres un carácter identitario, de recuperación del ser y búsqueda de armonía con sus antepasados. Por eso Actoras de Cambio busca rescatar esa espiritualidad maya volviendo a acreditar sus prácticas y rituales. Las ceremonias y las invocaciones al universo son una parte ineludible al inicio de las actividades a realizar.  Es un mecanismo para saturarse de energías positivas y dejar atrás las negativas. Se pide ayuda a las fuerzas de la naturaleza para que velen por nosotros en diferentes aspectos de la vida.

 

Laura Antelo

Vountaria de Educación Sin Fronteras