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11/06/2012

“A partir del teatro, se pueden abordar temas tabú, romper silencios y generar conciencia social”

Colectivo de Mujeres de Matagalpa

El Colectivo de Mujeres de Matagalpa hace un paréntesis en su gira teatral para visitar la sede de Educación sin Fronteras y compartir reflexiones y experiencias. A través de la expresión artística, esta asociación nicaragüense pretende generar conciencia social y abrir debate sobre las relaciones Norte-Sur. El Colectivo lleva más de 25 años trabajando por la justicia social y los derechos de mujeres y niños en su país.

 

Ana Ara y Bea Húber, del Colectivo de Mujeres de Matagalpa (Nicaragua), visitaron recientemente la sede de Educación Sin Fronteras –ESF-, en Barcelona, donde ofrecieron una visión muy cercana de su historia y de su trabajo. Esta asociación es socia y colaboradora de ESF en el país centroamericano, y trabaja desde 1986 por la justicia social y los derechos de las mujeres y la niñez.

La visita de Ara y Húber se enmarca en la gira teatral que el Colectivo ha realizado en Europa y que las ha llevado en los meses de abril y mayo a ofrecer representaciones en ciudades de Alemania y de España, entre ellas Málaga y Barcelona. La gira, bajo el título “Globalicemos la solidaridad”, ha sido continuación de otras llevadas a cabo en años anteriores con el objetivo de sensibilizar sobre la situación en los países del Sur, aportar una nueva visión que contribuya a transformar la sociedad y contribuir a establecer redes de solidaridad y apoyo directos.

El Colectivo de Mujeres de Matagalpa nació en la segunda mitad de la década de los 80, en plena época de la Revolución Popular Sandinista, a partir de la necesidad de que los derechos de las mujeres fueran visibilizados e incorporados en las políticas públicas. Su trabajo gira en torno a tres ejes fundamentales: los derechos humanos y la erradicación de la violencia, la salud y el desarrollo comunitario y la educación. Una de las estrategias para ganar fuerza y conocimiento social es la emisión de un programa radiofónico con el nombre de “Y ahora yo tengo la palabra”.

La actual sociedad de Nicaragua se sigue enfrentando a graves problemas como el analfabetismo y el abandono escolar, la pobreza y la cultura machista, que se propaga de generación en generación y que genera frustraciones latentes y actos de violencia recurrentes. El municipio de Matagalpa, a pesar de contar con una gran riqueza natural, concentra el mayor número de personas en situación de extrema pobreza de todo el país.

Sensibilizar a través del teatro

Por ello, después de más de 25 años de trabajo, el Colectivo de Mujeres de Matagalpa apuesta por una metodología creativa que trata de incorporar el cuerpo y las emociones en los procesos educativos, vivenciando las situaciones de conflicto, en este caso a través de la expresión teatral.

Bea Húber explica que a partir del teatro, “uno puede ponerse en los zapatos de la otra persona” y que de una forma terapéutica, “se pueden abordar temas tabú como el aborto, la violencia de género, el VIH, los abusos sexuales a menores..... y una vez rotos los silencios se puede empezar a generar conciencia social”.

Ana Ara, una de las cuatro fundadoras de la entidad, define el colectivo como “una hermandad intercultural  que sabe aprovechar la diversidad en aras de un buen entendimiento”. Este es a su vez su punto fuerte y su talón de aquiles ya que, si bien les permite funcionar de forma asamblearia, también ha provocado disidencias a lo largo de los años. Pero fieles a sus convicciones, el Colectivo continúa luchando por este funcionamiento, y en estos momentos reúne a casi tres mil mujeres.

El colectivo realiza giras teatrales por Europa con la finalidad de compartir e intercambiar experiencias a partir de actividades donde la participación genere debate y reflexión y se rompa la unidireccionalidad Norte-Sur, dejando de ser el Sur el receptor pasivo de los modelos del Norte y se abra el debate de las consecuencias de este patrón exportado a los lugares mas remotos del planeta, generando desde pérdidas irreparables en cuanto a diversidad cultural a conocidos ejemplos de destrucción medioambiental, hasta llegar a la obligada reflexión sobre el modelo del consumo ilimitado como base para la felicidad. “Un bienestar espiritual basado en el bienestar material del que cada persona debe ser capaz de poner límites razonables”.