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20/08/2012

¿Qué progreso? ¿Qué desarrollo?

Foto Maria Dolors Renau

En este artículo de opinión, la pedagoga y psicóloga Maria Dolors Renau, miembro del Consejo Asesor de Educación Sin Fronteras, critica el actual modelo de crecimiento económico, basado en un consumo "depredador" y aboga por repensar el progreso para situar al ser humano en el centro de las actividades sociales y políticas.

Son momentos de oscuridad,  para utilizar palabras de H. Arendt. Tal vez  sean momentos de tránsito hacia otro tipo de sociedad, otra forma de producir, vivir y relacionarnos. Porque nada está escrito. Nada, a pesar de que los poderes varios que usan nuevas formas de dominio,  pretendan convencernos de que existe una única vía para salir del atolladero que se acompaña de  un único pensamiento válido. Lo que vamos sabiendo es que, paradójicamente, la solidaridad entre los humanos que no logra implantarse por las buenas, se  está imponiendo por las malas.

Bajo el nombre de “globalización”, gracias a los  extraordinarios avances tecnológicos, no sólo fluyen de una punta a otra del mundo los capitales, las más sofisticadas formas de especulación económica, sino también sus consecuencias sobre la vida de los humanos, de tal manera que lo que ocurre en Londres o Singapur condiciona la cotidianidad de guatemaltecos, andaluces   y haitianos.

Consumo "depredador"

Esta realidad está resquebrajando  la confianza en algunos “supuestos”, casi “creencias”,  del  discurso público  compartido; tanto al axioma del “crecimento continuo” como al que suele acompañarle: el de “desarrollo”. El “crecimiento continuo”, motor ideológico de nuestro sistema económico, está mostrando no solo su imposibilidad existencial sino exhibiendo su capacidad destructiva: no solo el “ consumo” como estímulo de la economía ha devorado la producción de bienes, sino que está resultando “depredador” de la naturaleza mientras pervierte formas de relación y solidaridad social  fundamentales para la supervivencia y la “ buena  vida” .

Por otra parte, el desarrollo humano, tal como está siendo estudiado anualmente por el PNUD (Agencia para la Población de Naciones Unidas), puede ir perdiendo los avances que tanto conceptual, como prácticamente se estaban produciendo. Porque si bien, al principio, se  medía el Índice de Desarrollo Humano estrictamente en términos de  Producto Interior Bruto, otros factores han sido incorporados en su valoración, tales como tasas de escolarización, de empleo, de igualdad hombre- mujer… de tal manera que el Informe Anual que abarca todos los países del globo ha ido aproximándose a lo debe ser el “desarrollo humano”, según los  principios inspiradores de las declaraciones sobre derechos humanos fundamentales y universales.

Los estudios han pasado de valoraciones estrictamente cuantitativas a otras cualitativas, más acordes con los niveles de redistribución de bienes económicos y sociales. Bienes que impulsan al reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, más allá de su raza, sexo, condición o lugar de nacimiento. Principios que otorgan el derecho a la igualdad de oportunidades, a la libertad y facilitan el ejercicio de la ciudadanía.

Es esta misma ciudadanía la que esta empezando a ser consciente de las nuevas formas de dominio, de la fragilidad de la política institucional, ante  nuevas forma de explotación. Una ciudadanía que debe ser apoyada en el análisis de la realidad y en la confianza en su propio poder.

Empezar a "repensar" el progreso

Hay que desoír las voces  que proclaman volver a “crecer” sin cambiar los parámetros anteriores. No se trata de volver a los modelos destructivos que nos han conducido hasta aquí. Se trata  de desterrar el miedo al cambio  y empezar a repensar el progreso. Se trata de situar al ser humano en el centro de las actividades sociales y políticas para que  podamos desarrollarnos en libertad, en igualdad,  a fin de utilizar nuestros poderes y saberes para construir un mundo  que se enriquezca con las diferencias sin que éstas sean motivo de inferioridad ni de explotación, un mundo que aprenda a resolver los conflictos sin usar la violencia, que es la manifestación del dominio del más fuerte.

¿Es este escrito una carta a los Reyes Magos? Tal vez. Pero a estas alturas de nuestras historias sabemos que no hay como una buena Utopía para poner en marcha procesos reales. Hacer de los seres humanos el objetivo de  cualquier empresa personal y colectiva, por modesta que sea, es empezar a transformar una realidad, la actual, que necesita de forma urgente nuevos comienzos.


(Maria Dolors Renau i Manen. Pedagoga y psicóloga, es miembro del Consejo Asesor de Educación Sin Fronteras)