Volver

26/02/2013

La lucha por mejorar la igualdad de género en Nicaragua y El Salvador

reunion mujeres El Salvador

Educación Sin Fronteras desarrolla un proyecto conjunto en Nicaragua y El Salvador destinado a fomentar la equidad de género en la sociedad de ambos países y, por consiguiente, contribuir a mejorar las condiciones de vida de la población femenina. Durante dos años -2013 y 2014-, ESF y las dos contrapartes locales (Fundación CIAZO, en El Salvador; y Asociación Proyecto MIRIAM, en Nicaragua) trabajarán codo a codo con 44 entidades educativas, públicas y privadas, para incorporar un enfoque de género en los procesos educativos.

La actuación nace de la experiencia de trabajo de más de 10 años de Educación Sin Fronteras en la región, y especialmente del trabajo realizado desde 2007 en el marco el convenio regional de Centroamérica y el Caribe, y refuerza la incorporación del enfoque de género en los procesos educativos en los que se trabaja.

El proyecto cuenta con la participación de 44 entidades del ámbito educativo: 24 organizaciones privadas (12 en Nicaragua y 12 en El Salvador) y 20 centros e instituciones públicos (8 en Nicaragua y 12 en El Salvador). También se trabaja con la red CEAAL (Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe), que agrupa cerca de 200 asociaciones de la región).

Su radio de acción abarca el ámbito nacional de Nicaragua y los departamentos salvadoreños de San Salvador, Cuscatlán, Cabañas y Usulután.

joven con niño en brazos

Contexto social en la región

El Salvador y Nicaragua presentan elevados índices de pobreza y se sitúan entre los países más pobres de América Latina, lo que motiva que un alto porcentaje de jóvenes y adolescentes abandonen los estudios para ir a trabajar. En el caso de las niñas, normalmente son las primeras que tienen que dejar la escuela para asumir labores en el hogar o en muchos casos el rol de proveedoras en la economía familiar.

En los dos países predomina un modelo de sociedad patriarcal que afianza una relación de subordinación de la mujer respecto al hombre, y limita mayoritariamente el rol femenino al ámbito doméstico o a actividades económicas mal remuneradas. Las desigualdades de género, más acusadas todavía en el entorno rural, condenan a las mujeres al desempleo, la precariedad en las condiciones de trabajo, la carga de trabajo familiar, el déficit en la atención sanitaria, la escasa participación en las esferas de toma de decisiones…

Esta discriminación adquiere una de sus caras más trágicas con la violencia de género, que afecta a un porcentaje importante de mujeres y que se ha recrudecido en los últimos años. Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud indica que la violencia es considerada como “una herramienta legítima para la conservación del orden familiar adecuado”. Pero aunque las agresiones más frecuentes se dan en el ámbito familiar, también se producen en el entorno escolar ante la pasividad de las autoridades y la comunidad educativa.

Falta de conciencia social

Esta situación de opresión, exclusión y discriminación tiene su mayor causa en la falta de conciencia del conjunto de la sociedad respecto al problema de la equidad de género y sus consecuencias, así como en la debilidad de las instituciones que son responsables del desarrollo educativo local y nacional para presentar propuestas de solución.

El sistema educativo no está funcionando como promotor de cambio ya que en las escuelas se siguen reproduciendo los estereotipos de género y fomentando la selección de especialidades profesionales entre mujeres y hombres. En general, la comunidad educativa no está concienciada de la importancia de la igualdad entre los dos sexos y es reticente a abordar este tema.

A pesar de que sobre el papel se han registrado avances en los últimos años (como es el caso, por ejemplo, de la Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades, aprobada en Nicaragua en 2008), todavía queda mucho trabajo para llegar a la deseada equidad de género y el proceso requiere transformaciones sociales y culturales profundas.

Un primer paso lo constituye el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos de mujeres, motivando las alianzas y la cooperación entre estas asociaciones, y la introducción de la equidad de género en centros de enseñanza para desarrollar un trabajo educativo y de incidencia que ayude a transformar la realidad.

 

Líneas de actuación

Desgraciadamente, la igualdad entre hombres y mujeres no figura entre los aspectos prioritarios a tratar en las esferas de toma de decisiones. Por otro lado, ni las organizaciones de mujeres ni las instituciones locales –púlicas y privadas- disponen de suficiente información, análisis y formación sobre la equidad de género para trabajar este ámbito.

Por todo ello, el proyecto desarrolla un proceso de formación especializada dirigido a los miembros de estas organizaciones que contempla cuatro ejes de acción:

1) Identificación de las necesidades de los docentes

2) Desarrollo y ejecución de un plan de formación especializado en enfoque de género

3) Elaboración de material didáctico (manuales, documentos, guías, etc...) y promoción de intercambio de experiencias y buenas prácticas

4) Extensión de la metodología y el proceso de aprendizaje al resto de instituciones públicas y privadas de los dos países y también a todas las asociaciones que integran la red CEAAL. Con esto, se habrá avanzado en la definición de una estrategia de género a nivel regional centroamericano.

El proceso de formación beneficiará a 146 beneficiarios/as de manera directa y a más de 4.500 indirectamente.Todos estas personas se convertirán en actores locales sensibilizados en la problemática de género y conscientes de la necesidad de impulsar propuestas de cambio para transformar la realidad social. De esta manera, podrán incidir en la mejora de las condiciones de vida del conjunto de la sociedad nicaragüense y salvadoreña.