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19/08/2013

“Fuerza Productiva”: pequeños emprendimientos de grandes personas

Abraham Guanca

La unión de pequeños agricultores en el sur de Ecuador permite desarrollar proyectos asociativos para mejorar los sistemas productivos y las condiciones de vida de las familias de la zona. El apoyo de Educación Sin Fronteras y de la organización local Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio ha sido clave para ofrecer nuevas oportunidades a la población local. El caso de Abraham Guanca (en la foto) supone un ejemplo de estos avances.

 

Vamos de mayor a menor. El país es Ecuador. La provincia, Loja. El cantón, Paltas. La parroquia, Lauro Guerrero. El barrio, Santo Domingo. Y ahí, en un terrenito, vive Abraham Lincoln Guanca, un agricultor que en la actualidad cuenta con 46 años encima. Pero Abraham no es un “hombre menor”; es un emprendedor. Actualmente se desempeña como vocal de la junta parroquial de Lauro Guerrero, y es además el presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios “Fuerza Productiva”.

Su explicación del nombre de la asociación es la de un hombre humilde pero con mucho empeño: “Eso nos salió del criterio de algunos socios que estábamos en ese tiempo, porque le poníamos amor al trabajo y empezamos a salir adelante mediante la organización ya que nuestras tierras son bastante productivas; queremos aprovechar lo que la madre-naturaleza nos ha dado para el bien de la comunidad.”

fuerza productiva

Todo empezó como un grupo de 4 personas, y a estas fueron sumándose otros vecinos y vecinas de la zona. La mayoría son de Santo Domingo, y actualmente hay uno del barrio Jatumpamba. Abraham cuenta que quieren globalizar el proyecto con toda la parroquia y con el sector aledaño de Cangonamá. Recuerda además que cuando completaron 16 socios empezó la vida legal de la asociación. Actualmente son 17 socios en “Fuerza Productiva”.

Su producto es la panela granulada y la panela en bloque, alimentos derivados de la caña de azúcar. Esto es lógico ya que en la zona abunda este cultivo. Siembran además café y pastorean ganado, pero la caña sigue siendo su producto estrella. Dada esta particularidad les han propuesto además trabajar con otros derivados de la caña, como el alcohol para biocombustible. Esta alternativa no la han descartado del todo, pero de momento buscan alternativas para no desaprovechar la infraestructura que tienen actualmente.

La idea de asociarse nació cuando el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio, conocido en la comunidad simplemente como el FEPP, llegó a la parroquia Lauro Guerrero. Abraham admite que antes de eso era difícil manejarse en organizaciones, básicamente porque nadie quería asumir la responsabilidad. Cada agricultor trabajaba individualmente, hacía lo que más avanzaba y buscaba sus mercados de manera independiente. Pero una vez que se decidieron a unir fuerzas adquirieron el terreno gracias a la donación de un socio del lugar. Ese fue solo el primer paso. A partir de entonces han recibido el apoyo del FEPP, de la junta parroquial de Lauro Guerrero, de la Caixa y en estos tres últimos años de Educación Sin Fronteras, a través del proyecto Educación Agroecológica y Participación Ciudadana.

Fuerza productiva 1

Un producción de casi diez quintales de panela al día

No quieren conquistar el mundo; sus propósitos son más realistas. De momento quieren tener una vida mejor como agricultores, buscar un mercado, y que el gobierno les abra las puertas para poder introducir su producto.

El FEPP los ha ayudado con infraestructura, materiales, capacitaciones, a constituir la organización, y a montar la planta de procesamiento donde a diario producen entre 8 y 10 quintales de panela, ya sea granulada o en bloque. Abraham nos cuenta que hay más mercado para la panela en bloque, la cual se entrega en la cabecera cantonal de Paltas, Catacocha.

Mantener la asociación no ha sido un trabajo sencillo. Muchas veces han querido separarse, pero sus socios-estratégicos han estado junto a ellos para ayudarlos a salir adelante. De todas formas tienen claros los beneficios de mantenerse unidos. De no ser así el intermediario los volvería a consumir; los agricultores aislados trabajan para los intermediarios y los socios de “Fuerza Productiva” quieren romper con esa barrera.

En medio de la conversación llega Rosario Díaz, la esposa de Abraham. Juntos han criado a un hijo y una hija. El primero acaba de entrar a la universidad, y no quiere seguir los pasos de su padre y su madre en la agricultura; su meta es ser ingeniero-mecánico-automotriz. Rosario admite que su hijo mayor ha visto el trabajo que ellos hacen, bastante pesado y que requiere mucho esfuerzo, pero la hija menor, que recién empieza el colegio, ha dicho que de grande quiera ser veterinaria. La pareja de esposos ven en esto una pequeña esperanza de que ella no se despegue mucho del campo.

Recién cuando llega Rosario, y al ver el cuidado y mimos que le hace a su esposo, nos damos cuenta que Abraham tiene una prótesis en su brazo izquierdo; explica que la tiene a raíz de un accidente, pero que nunca ha sido una traba para cumplir con su trabajo. Ella cuenta que, desde que tiene uso de razón, a la caña del sector siempre se la ha sembrado sin químicos, y que solo se la cuida en el lampeo y en el regadío en las épocas de pocas lluvias.

Fuerza productiva 2

Si bien el proyecto ha comenzado ya, hay cosas que les faltan y están trabajando por conseguirlas. Una de las más básicas es la falta de electricidad permanente para la planta, la cual funciona porque de momento los socios vecinos ayudan a hacer conexiones eléctricas temporales. Pero son optimistas; todos esos pequeños problemas los irán resolviendo poco a poco. Tienen fe en el proyecto, tanto así que los socios de “Fuerza Productiva” en la actualidad viven de la venta de la panela y no necesitan trabajos adicionales.

Hay esperanza en las palabras finales de Abraham: “Prácticamente somos una organización que no queremos quedarnos ahí; queremos salir adelante y vamos a estar golpeando las puertas de donde más podamos para así sustentar nuestro propósito.”

 

 

Comentarios - 1

  • 1 jorge Cuenca 19-08-2013 - 23:55h

    Abraham, es un digno ejemplo de agricultores que se aferran a la producción agropecuaria, lo más interesante de esto es la perseverancia acompañada de capacitación con la metodología aprender haciendo. Las universidades deberían formar técnicos con capacidades tecnológicas aplicables al medio, para que la inversión pueda ser bien aprovechada