07 de Agosto de 2008
 
   
       
 

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Noticias
 

Lengua y cutura quechua

 

Por Apolinario Saldívar
Docente Delegado al proceso regional 'Quechua para Tod@s'
Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac

“Soy Yaku. Es mi nombre indígena. A los once años me llevaron a la ciudad (Arequipa), ahí empecé recién a adueñarme del idioma español. Terminé la escuela primaria a los dieciséis, la secundaria a los veintitrés (después de “mejorar” mi español en el ejército peruano, al que me llevaron para dos años). Me gradué de profesor a los veintiocho años… pero si me hubiera educado en mi lengua a esa edad ya me hubiera graduado también en otras especialidades. Ahora, hace poco, a los cuarenta y siete años, concluí la maestría, cuando a esa edad los otros ya se jubilaron. Bueno, no es queja, es la presentación de muchísimas personas que desde la cultura oficial –indianos de estos tiempos– trabajan para que el quechua hablante se eduque en quechua y aprendan sistemática y pedagógicamente otros idiomas, entre ellos, el español.”

El runasimi o quechua, tiene treinta y siete variedades grandes, distribuidas entre el Perú, Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y Brasil. Según David Weber, del Instituto Lingüístico de Verano, y el extinto Domingo A. Bravo, de la Universidad Nacional de Santiago del Estero de Argentina, ya no estaríamos ante un sólo quechua sino ante varias lenguas quechuas. En este contexto, y de todas ellas, en la región de Apurímac hablamos las dos variantes consideradas actualmente las más importantes: la qheshwa y la chanka.

De las cuatrocientas cincuenta lenguas aborígenes que promedian en América, el quechua es la lengua indígena más hablada. Mientras que en el Perú es Apurímac la región con mayor porcentaje de población quechua hablante. A pesar de ello, y de que se cuenta con leyes que declaran meridianamente su multifuncionalidad, no contamos con una política lingüística de Estado que la reconozca y prestigie socialmente, y menos que la defina también como instrumento y objeto de estudio en el sistema educativo mismo. Tema que forma parte de la agenda política regional.

ORGULLO APURIMEÑO
Estudiosos quechuas de reconocida trayectoria, como Cerrón Palomino, Domingo A. Bravo-Íbico Rojas, las academias nacionales del quechua bolivianas, argentinas, ecuatorianas y peruanas, así como fuentes antiguas, entre las que destacan “Los Comentarios Reales de los Inkas” de Garcilazo de la Vega, la “Nueva Corónica” de Waman Poma de Ayala, registran que fue la variante hablada de la Nación Qheshwa, el modelo usado para todo el Tawantinsuyu (de ahí el neo nombre “quechua” del runasimi).

De igual forma, según nuestras investigaciones en el proceso de construcción del Cuerpo Léxico Semántico Contextualizado del Runasimi de la Región Apurímac, liderado por la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac, es en esta región antigua llamada Qheshwa, hoy Apurimaq, que esta lengua llegó a su máximo desarrollo lingüístico, hecho que nos enorgullece y compromete a levantarla como bandera de identidad y fortaleza cultural en el marco del proceso de reforma educativa intercultural autónoma y participativa, con un gobierno regional actual declarado indigenista.

DIMENSIONES DEL PROBLEMA
Por una parte tenemos el problema de los niños y niñas quechua hablantes de las zonas rurales, que ven mutiladas sus posibilidades de aprendizaje al recibir una educación en una lengua que no es la suya. Y, en todo los casos niños y jóvenes se retrazan en sus estudios escolares o bien los pierden. Si bien es cierto que la escuela está presente casi en todas las comunidades quechua hablantes de Apurímac, es obvio que en dichos centros es poco o nada lo que nuestros hijos aprenden. Los estudiantes al escuchar clases de las distintas materias curriculares en una lengua que no dominan, tienen en ese espacio sólo la motivación para aprender la lengua del profesor, quien generalmente subestima la lengua originaria. Para ellos el primer gran problema es lo concerniente al derecho lingüístico. El Perú oficial niega al quechua hablante (como a los demás nativo hablantes), el derecho universal que tiene toda persona a ser educada en la lengua que habla. Ello a pesar de que la Constitución Política del Perú declara que el quechua es también lengua oficial del Perú y aún cuando la Ley General de Educación exige que los docentes que laboren en zonas nativo hablantes hablen la lengua de esa comunidad lingüística.

Por otra parte, los estudiantes que hablan el español y el quechua, que constituyen la mayoría, viven otro conflicto tal vez mayor, y es el de verse en la necesidad de negar su origen, ante la valoración negativa que tiene la condición de indio o serrano en un país racista y con altos niveles de discriminación. En este caso, la condición bilingüe, es un factor negativo porque devienen en tres serias debilidades personales: la pérdida de su dominio del quechua, la mala pronunciación del español que es materia de burla y desprecio, y los serios problemas de autoestima, que origina que adopten modelos foráneos para defender su vigencia y posibilidad, nieguen su pasado y sus propios vínculos familiares.

En cuanto quienes han venido gobernando el Perú, no consideran al quechua como lengua viable para forjar la nueva nación intercultural, no ha habido voluntad política para que florezcan las regiones y sus propias características culturales y lingüísticas.

Después del Gobierno militar de Juan Velasco Alvarado en los años 1968-1975, ningún partido político ha incorporado en su propuesta de gobierno al quechua como instrumento de estudio. Se observa que todos los partidos políticos conciben la vida del país en español. Congresistas de la república como Martha Hildebrand consideran que el quechua es un absurdo lingüístico y un elemento cultural que atenta en contra del desarrollo económico, social y cultural del Perú.

Muchos de los docentes y autoridades educativas a lo largo y ancho del país quechua aún dicen “No hables quechua, esa lengua es de los inútiles, de aquellos que no gobiernan el país, de los pobres, analfabetos, indígenas…¿para qué? Si la ventana al desarrollo y modernidad están vía el español y el inglés”. En conclusión, en el Perú se educa sólo en español, y no se consideran en el sistema educativo de cada región, los derechos universales de la persona humana a ser educado en su propia lengua.

El indio quechua hablante si es del ande es llamado “serranazo”, “llama”, “huanaco apestoso”, y en otros casos, considerado como aquel que “no habla en cristiano”. El nombre y apellido nativo es visto como algo peyorativo, frente al nombre o apellido extranjero que son vistos como “buenos”, “modernos”, “de buena familia”, o “del principal”. Por ende, es también aún notorio el fenómeno de la sustitución de los nombres y apellidos autóctonos.

A pesar de ello, el quechua se mantiene. A pesar de todo, los quechuas seguimos vivos y somos poco más de cinco millones en el Perú. Pero, es también una realidad latente que nuestra lengua se vivencia sólo en el ámbito familiar, en la vida laboral autóctona de la comunidad, porque en el ámbito escolarizado, en las instituciones estatales y no estatales la vida se desarrolla en español. Asimismo, se viene debilitando las posibilidades de que la generación siguiente, nacida en la ciudad, hable el quechua. Esto se debe a la natural respuesta del quechua hablante, que para no pasar vergüenzas y no ser discriminado, prohíbe a sus hijos el uso del quechua, negándoles incluso el retorno a su comunidad de origen, y por tanto a su propia cultura. Cultura que en la escuela es cercenada. Cultura autóctona del niño que no será respetada. Como decimos, entre quienes trabajamos en educación intercultural, allí donde se abre una escuela con la presencia de un profesor o profesora desubicado culturalmente, allí se mata la cultura autóctona. Veamos un caso :

En un escuela rural comprobamos y lloramos al ver cómo los niños habían dejado en la puerta del salón escolar sus pasos, porque entraron descalzos, es decir, sin sus husut’as o sandalias; dejaron afuera sus pensamientos, porque entraron sin sus suk’utas o sombreros; dejaron afuera su alimentación, porque ingresaron sin su fiambre; sin el tejido para enfrentar el frío invernal, porque sus ponchos envolvían afuera, en la vereda del local escolar, su carga vital, que por desgracia los perros suelen rebuscarse, como denuncian los niños.
Preguntado el profesor sobre por qué dejaban afuera sus cosas, respondió que era porque “el piso nuevo y de cemento se ensuciaría con las husut’as polvorientas de los niños y niñas que vienen desde tres horas de caminata”.

Pero, no sólo quedan afuera, en la puerta de la escuela, esas prendas y sus alimentos, queda afuera, ahí en la vereda, gritando para ingresar, lo más importante en la vida de los hombres, la razón de la cultura de un pueblo, la lengua, el espíritu del niño quechua, porque el profesor enseña en español aún cuando es una escuela EIB.

POSIBILIDADES DEL PROCESO APURIMEÑO
Sí, la oficialidad de la sociedad peruana considera y valora el quechua sólo como folclor. Y el Programa Nacional de Educación Intercultural Bilingüe - EBI, ha sido un esfuerzo por muchos años insuficiente, porque redujo su accionar sólo a comunidades nativo hablantes muy apartadas, y en tanto no consideró de manera suficiente la necesidad de prestigiar la cultura y lengua quechua, reduciendo el problema a su dimensión sólo lingüística.

Ante este hecho, nace en Apurimaq el acuerdo regional “Quechua para Tod@s”, que busca generalizar esta lengua en todo el sistema educativo, por cuanto el quechua es de todos y debe ser el elemento cultural que nos identifique y una. Es la lengua con la que se construirá una verdadera reforma educativa, que entrará pedagógica y políticamente al salón de clases para vivir con profesores y estudiantes.

Enseñar en quechua en nuestra tierra es tan vital como gobernar en quechua la tierra quechua. Este es el mandato del pueblo apurimeño.


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