29 de Agosto de 2008
 
   
       
 

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Testimonios
     
  LAURA POLVERARI Practicante italiana en Sevilla  
 

Llegué a ESF para unas simples prácticas y poco después aprendí cómo transformar en realidad los deseos de hacer otro mundo posible.



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  JORDI S. MARTINEZ Socio de ESF  
 
Visitar un proyecto es una experiencia única. Allí, en Bolivia, todo tu esquema de valores entra en conflicto y debes volver a replantearlo. Y te conmueve el valor y la decisión de toda esta gente.

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Noticias
 

Mucho más que un viaje

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Guatemala: Segunda parte

Miércoles 11 de Julio: Visita a la Zona Reyna, en el corazón del Kitché

Levantarse de madrugada, enviar algunos e-mails a Barcelona y partir hacia un sueño que se inició hace un año. Queremos visitar uno de nuestros programas más remotos, en área rural e indígena, en el Kitché, pero que sus gentes son quetchies que emigraron desde Cobán y la Verapaces. Nos vamos hacia los Encuentros, la carretera que se desvía hacia el lago de Atitlán o hacía el Kitché. Allí nos espera Rómulo, de PRODESA, que habíamos conocido el viernes. Desayunamos –¡qué importante es en estos países almorzar bien y al tiempo! huevos estrellados (fritos), frijolitos, banano frito (plátanos), cremita, algo de fruta, y un buen café chapín. Para algunos, como un servidor, con el obligado chile (toda la variedad de chiles) –el chile es fantástico- te abre el apetito, te resalta los sabores…te purifica!

Nos ponemos nuevamente en marcha, pasamos por Chichicastenango, pueblo mágico. Guardo los recuerdos de los días anteriores del mercado, pasear por las paradas, comer algo, es todo un regalo de los dioses. Y levantarse por la mañana, antes que los turistas lleguen, y pasear, oler y oler las ofrendas de las oraciones, perderse entre paradas que esconden el género (materiales) y entre humos, penumbras, ver a las familias durmiendo o preparando todas las paradas. La iglesia, a esa hora es maya, los sacerdotes, abiertos, han permitido por años la doble religión. Por las mañanitas y noches es indígena, en las horas de la misa es una iglesia católica. Haya años que en los viajes, he deparado horas viendo y siguiendo, a prudente distancia, los cultos mayas. Se parecen mucho en toda la región desde San Juan Chimula, en Chiapas, hasta Chichicastenango; los chamanes preparan a los (sus) devotos en sus cultos ancestrales, mezclándolos con costumbres occidentales, como la de usar “ cocacola ” en vez de agua bendita.

Llegamos a Santa Cruz del Quitché. Dejamos un coche. Visitamos a las hermanas dominicas. La madre superiora, María Teresa Malagarriga, una catalana que no ha perdido su acento, nos abre su convento escuela. Enviamos algunos últimos e-mails , guardamos uno de los carros y nos pide si podemos llevar un pequeño cargamento de galletas y chocolates a la Zona Reina. Aceptamos con gusto. Y emprendemos un largo viaje de todo un largo día por el corazón del Kitché. Atravesamos valles y montañas: una y después otra, otra, y otra. Tenemos la suerte que los cantos de María Ángeles, y después los de Esther, nos alegran el viaje. Hablamos con Rómulo de Prodesa, de la región, de la historia, de cómo y por qué comenzó el proyecto. En la última etapa, ya muy cerca de nuestro destino, vemos la ventana del cielo, desde donde vislumbramos multitud de valles verdes, algunos con milpas (campos de maíz) casi hasta las cimas, y todos con muchas nubes bajas. Estamos en uno de los paraísos de Guatemala. Sospechamos que estamos llegando. El paisaje, la soledad, la milpa, el sol, los valles rebosantes de verdes, nos preparan o se muestran, para que sepamos que estamos ya en los albores, ya cerca de nuestro destino.

Llegamos a Zona Reyna, hemos pasado, cada pocos kilómetros, por diferentes pueblos, caseríos, reunión de casas dispersas y hemos arribado a Lancetillo, su capital. Llegamos al Centro de Formación. El carro ya no puede cruzar el río. Nos esperan aguas cristalinas y un puente colgante. ¡Como los de antes! Nos vamos al centro, las chicas con las chicas, los chicos con los chicos. Con Rómulo nos ponen en un gran “casón”. Preparamos nuestros catres (camas). Nos vamos a visitar el pueblo. Tenemos una reunión con las Hermanas Dominicas de la Anunciata que llevan muchos años en la Zona. Ellas dirigen el Centro y han desarrollado la actividad docente y pastoral por una década. Nos cuentan que han ido a visitar todas las comunidades, algunas a cinco o seis horas en la época seca, y a ocho o diez en le época de lluvias. Nos sentamos en el comedor, previamente hemos oteado por el pequeño convento (casa), muy sencillo, pulcro y muy acogedor, rodeado de flores y pequeños detalles que agradan la vista y la vida. Un cartel de Monseñor Romero en la pared muestra su compromiso por los pobres. Nos invitan a un fresco hecho de agua hervida. Nos presentamos, ellas son María, Julia y Mercedes Cucul, la superiora.

Nos cuentan, las hermanas, que el Centro de formación les cuesta 40.000€ al año. Que con ello mantienen toda la actividad y dan a apoyo e internado a los becarios, ¡que son tantos! Pienso en lo que haríamos en un centro así en el Norte. Hay tantas contradicciones que vamos descubriendo en el viaje. Nos cuentan que han recibido fondos de una fundación de Manresa, Vida y Pau . Enseguida pensamos con Esther que será importante visitarlos en Catalunya e intentar crear un programa conjunto y poder hacer actividades de Cambio Social y Educación al Desarrollo en Manresa. Nos hablan de sus sueños, que les gustaría, en un futuro, tener un centro que diera la formación superior. Pero, ¡es tan caro! conminan las hermanas. Son una comunidad crítica y comprometida. Nos invitan a que visitemos a las hermanas que están en Madrid para que podamos seguir haciendo algo todos juntos, en común. Es un tema que hablaremos con Gloria, nuestra delegada en la capital. Nos despedimos y nos vamos a visitar el pueblo y la tienda en la que nos compramos “ botas de hule ” (botas de agua), plásticos (capelinas), y algunas aguas para la excursión de la mañana. Cenamos con los becarios, ellos están muy ocupados, dando gracias y orando; pero somos un escenario y de reojo, los veo tan distraídos. Nosotros, más relajados, necesitamos un espacio para reírnos, y pensar en el día que finaliza. Dejamos atrás muchas horas de carro.

El viaje ha hecho mella. Un cubículo tan pequeño como el del carro, la cabina, con las vistas y conversaciones, ha creado una amalgama y compromiso de trabajo y amistad entre nosotras/os. Existe un sentimiento muy de camaradería. Nos acostamos, pero antes, vemos la noche, impoluta. Las estrellas casi nos tocan, no hay casi contaminación lumínica y todas ellas, muestran sus mejores destellos. Ellas me han acompañado siempre, las he visto en el Norte y en el Sur, en el Este y el Oeste, las he observado en todas las estaciones. Deben de estar y ser, porque las necesitamos, son guía, lucero, pero son destino y poesía en las noches de soledad o en las noches de amor. Bona nit! Buenas noches! Ondoloeguin! Boas noites! Bantioch!

Jueves 12 de Julio: Visita en la Zona Reyna a la aldea de Santa Ana

Me levanto prontito. Me voy a visitar a las hermanas, comparto sus silencios, sus plegarias, sus cantos, y después: un buen desayuno en el que les agradezco el apoyo al programa y a María Ángeles en estos años. Al poco rato llegan ellas, las profesionales de ESF, con la compañía de dos monitoras muy jóvenes y comprometidas del programa de formación, Gabriela e Isabela. Empezamos la marcha, pasaremos por diferentes caseríos. Hace un calor espeso y la humedad empapa nuestros cuerpos. El camino pasa entre bosques y milpas, ríos y praderas para pastos. Es una vista que envuelve de verdes. Nos cruzamos, cada tanto en tanto, con algunas familias quetchies que van a la capital del valle a intercambiar género artesanal por alimentos o utensilios: ¡Seger! (buenos días!) Allí también hay un “Norte” y un “Sur”. Al cabo de tres horas y media, muy sudaditos, llegamos a Santa Ana.

Nos están esperando las maestras y maestros, y sobre todo las niñas y niños. Nos llevan, como en otras visitas que hemos hecho a otras escuelas, a cada una de las clases, es un ritual, hay que visitarlas todas. Allí, en primera persona vemos los frutos del programa bilingüe y de acercar la educación primaria a los destinos más difíciles, a los más alejados. Las niñas y niños nos cantan algunas canciones, “ las y los profes ” nos regalan unos discursos fantásticos. Tomamos fotos y jugamos un poco con ellos. En nuestras presentaciones, para que se acuerden de nosotros y para ser un poco didácticos, hacemos acopio de nuestra vida de monitores de tiempo libre ( esplai y scouts ). Siempre tratamos de hacerlo diferente y les contamos alguna anécdota divertida de nuestros países. Me impresiona una pizarra donde les enseñan a contar en maya, el uno (un punto), el dos (dos puntos), el tres (tres puntos) el cuatro (tres puntos y una raya)…

Pienso en el Pueblo Maya, en la importancia de preservar la lengua, la cultura, en la cosmovisión maya, en las formas de relacionarse, en su respeto a la naturaleza y muy especialmente, su amor a los astros. Me alientan sus convicciones, su dedicación sin casi recursos. Su tenacidad me da una inyección de fuerza creativa y motora. Se les ve muy agradecidos. La educación para o en la vida, verdaderamente, transforma, como decía Freire: “ libera, te hace grande y libre ”. Es el poder de nuestra organización, es la fuerza vital de nuestra misión, colaborar a llevar la Educación donde más cuesta o donde es más es necesaria. Es grande el esfuerzo de todos y todas, pero con creces se supera. El valor tangible e intangible es tan grande (el costo de oportunidad económico) que no tiene parangón. ¡Qué arma de desarrollo, qué arma de paz es la Educación, que arma liberadora es la Educación!

Al acabar la visita, tenemos una reunión con el presidente de la aldea, con las fuerzas vivas, con los maestras y maestros (que son mayoría). En la reunión asisten los “Coeducas” , que son los padres que se responsabilizan de la educación en la comunidad. La reunión, que permite hablar a todo el grupo, nos da muchas claves de cómo ha sido la formación en el Centro, ya que muchos maestros y maestras son egresados de hace uno o dos años. También nos permite saber cómo funcionan las políticas y las estrategias de género. En realidad, todavía el hecho de ser mujer, maestra o niña es muy complicado. Una maestra quetchí, María, con su huipil blanco (blusa tejida a mano y que cada pueblo y etnia decora y colorea) que le da una identidad y luminosidad especiales, ha hecho grandes esfuerzos para lograr ser maestra.

Le pedimos a María, la maestra quetchí , si nos escribe su historia de vida para la revista de ESF (BESF). Queremos relatar ésta y otras historias en el boletín y en la web. Queremos que el karma, el alma, o el corazón de los proyectos esté, se viva, en nuestros instrumentos informativos y así compartirlos con las socias/os, con la comunidad educativa. Este diario de bitácora pretende eso, haceros llegar y compartir algunos de los sentimientos, palabras, escenarios, proyectos, de la gente, de la educación, de la vida en los países. María, nuestra maestra quetchí , es un buen ejemplo. Sólo por ella ya valdría la pena realizar el programa o abrir el Centro o hacer este viaje. Ella representa a la mujer maya. Demuestra cómo la educación la ha hecho fuerte, expresa la defensa de sus principios y sus valores en su comunidad escolar y en la aldea. Nos despedimos de los maestros Bartolo, Vicente, Adrián, María, Lorenzo… Los niños y las niñas gritan, el griterío aumenta hasta que el director se despide y con él todos entran a sus clases. Un profesor nos invita a su casa, sencillísima, y en la mesa de la entrada, comemos. ¡El almuerzo sabe a gloria! Pollito, tortilla de patata y unas gaseosas ¡que saben a miel bendita! Necesitamos hacer acopio de alimentos y agua. Estamos muy deshidratados aún sin saberlo. Nos ponemos protección para los zancudos (mosquitos) y degustamos con sabor y amistad la comida en comunidad.

Regresamos. El camino se hace largo, es el mediodía, el sol es de justicia, pero no queremos retrasarnos porque probablemente al atardecer lloverá y mucho. La bajada, porque hace bajada, es lenta, estamos cansados, insolados y muy deshidratados. Pero es un paseo que nos sirve para hablar de la Zona, del programa. Yo bajo, como lo he hecho en la subida, con Gabriela e Isabel, lo que me da un aire diferente de algo muy especial. A mi derecha una mujer que ha luchado tanto por ser maestra-monitora quetch i, que es de la región, y que sus padres no querían o que no la ayudaron como ella hubiera querido; a mi izquierda, Isabel, que es kachikel de Sololá, cerca del Lago y del Altiplano, y que sus padres que tenían un huerto y cafetales, a dos horas de su casa, lo perdieron todo durante el Stein (la tormenta y huracán) y ahora trabajan de lo que pueden. Las dos luchan por devenir buenas maestras y el programa del Centro de formación de maestros las ha hecho monitoras. Están muy ufanas y contentas. Me cuentan muchas historias -las mejoras historias, las historias de vida- las que son imprescindibles para entenderse y para vivir en comunidad. Isabel y Gabriela son dos muy buenos ejemplos del éxito del programa, de la importancia de la educación y del cambio que produce la educación en las personas. Ella son dos muy buenas candidatas a que las podamos becar (podríamos pensar en la Fundación Marfá , con quienes estamos en conversaciones para realizar un proyecto conjunto) para que pudieran tener un nivel más alto y ejercer un mayor rol de liderazgo en la comunidad. De hecho, a Gabriela ya le han propuesto que sea teniente de alcalde.

Llegamos cansados y muertos de sed. Bebemos todos un refresco, de estos nuevos que llevan sodio y potasio y sales minerales… y empieza la lluvia. ¡Qué suerte! Esperamos. Y nos vamos al Centro de Formación. Baño en el río cristalino, con algunos alumnos del Centro. El agua está fría pero revitaliza toda la pérdida de agua y neutraliza el cansancio. Leemos por la tarde, que la tormenta ha pasado y un sol de puesta nos alumbra y deja un espacio para leer y meditar. Empiezo mi segundo libro del viaje, “ Insurgentes, Guatemala, la paz arrancada ”, del médico y ex comandante Santiago Santa Cruz Mendoza. Una historia autobiográfica de los años en la montaña, todo un poema de valor y de lucha, escrito desde la retaguardia, con un sentido crítico de los acuerdos de paz y de lo que se prometió y que todavía no se ha cumplido. Me ayuda a entender más el país, lo que pasó. Disfruto de la lectura, aunque sea una horita, disfruto del silencio.

“Busco identificar a ese puñado de mujeres y hombres, urbanos, rurales, indígenas, ladinos e internacionalistas, quienes se atrevieron a buscar un modelo de convivencia y dignidad nacional diferente, estimulados por una mayor valoración de sí mismos y por el intento de construir posibilidades incluyentes, aún postergadas, en Guatemala. Todos ellos acompañaron, con sus vidas y con sus muertes, la construcción de una alternativa”. Comandante Santiago.

Momentos como los de hoy, nos dan tanta energía para seguir! El silencio, las vistas, los paseos, el diario, los libros y algunas conversaciones de vida -y no de trabajo- son fundamentales para sentir y vivir en profundidad el viaje y entender un poco más la realidad, que es tan cambiante y que tiene muchas historias y muchos protagonistas. Las veo a Esther jugando con las hijas de la cocinera y a María Ángeles a lo lejos, platicando con Isabel y Gabriela. Nuestro conductor, técnico, guía y un poco todo se ha ido al pueblo a compartir una buena conversación con sus amigos campesinos.

Tardecita, contamos con una reunión con los líderes de todas las comunidades y con los maestros y maestras egresadas de las promociones anteriores. Hacemos un gran coro en la sala de actos del Centro, abierta y diáfana. Hay diversos parlamentos, escuchamos atentamente cada uno. Han venido de lejos, todos con sus mejores atuendos, con esa dignidad que siempre me ha sorprendido. ¡Los pobres con la capa de dignidad! Tienen poco, pero lo comparten y lo ofrecen. Se han esforzado y vienen a explicarlo, y vienen también a agradecérnoslo. Nosotros también les animamos a seguir y hacer cabildeo para que el programa sea asumido por las autoridades educativas y por otras organizaciones locales e internacionales. Les hablamos de ESF, de nuestro sueño con ellos y con otras escuelas y centros docentes, queremos ser un movimiento en pro de la calidad y el acceso a la Educación. Ellos son un buen exponente de ello y son, al mismo tiempo, un motor para lograrlo. Agradecemos delante de todos a Prodesa, a Rómulo, a Isabel y a Gabriela, a las hermanas dominicas y, muy especialmente, a María Ángeles por su dedicación y esfuerzo y por invitarnos a venir y apostar, en las horas bajas de ESF, a seguir y apoyar la Zona Reina.

Cenamos, esta vez solitos. Seguimos con el buen humor, tratando de reírnos, de comentar la jugada, las conversaciones. Un buen ambiente planea por el valle. Las cocineras, con la ayuda de las hermanas, nos han regalado queso, que en esos lindes, sabe a beso y a gloria. Visita a las estrellas y a dormir en la inmensidad del Quitché .

Viernes 13 de Julio: del Kitché al lago de Atitlán

Hemos podido dormir una segunda noche a pesar de los zancudos y eso que nos habíamos rociado de antimosquitos, sólo Rómulo duerme con mosquitera. Éste será un tema a mejorar en los próximos viajes, así como en los planes de mejora de las condiciones de vida y seguridad de los/as cooperantes y de las visitas al terreno en ESF. Una lluvia nos ha despertado. Quería visitar y despedirme de las hermanas, pero el mal tiempo me lo impide. Desayunamos comida chapina. Recuerdo el café, mucha agua y poco café en un gran puchero; pero no nos quejamos, somos invitados.

Recogemos los bártulos. La tormenta amaina, y en pocos minutos aparece un sol radiante. Ni corto ni perezoso, me despido con un baño de gloria, en agua fría y cristalina, quería despedirme del río de la Zona Reina. Nos vamos con un adiós a las hermanas, saludamos en la ruta a algunos vecinos. Es prontito, son las seis de la mañana. Nos dirigimos a Santa Cruz del Quitché . Horas y horas nuevamente en el carro. Pasamos varios camiones repletos de hombres y jóvenes (entre ellos algunas mujeres) que los partidos políticos han invitado a participar en sus mítines a cambio de una camiseta y una gorra, posiblemente también de un almuerzo y, sobretodo, la invitación a salir de su cotidianeidad. La vuelta es larga, larga, larga, que si ahora curva a la izquierda, que si ahora curva a la derecha y así hasta casi una eternidad. Llegamos a la capital del Quitché, cambiamos los carros, nos despedimos de las hermanas y de Rómulo. Nosotros nos dirigimos hacia el Lago de Atitlán con el carro de ESF.

La llegada al lago de Atitlán siempre me ha impresionado. Es una de las maravillas de la tierra, por su naturaleza y por sus gentes, a pesar de que ha sido degradado por el turismo no planificado y por las culturas no autóctonas. Es uno de los lugares más mágicos.

Llegamos a Panajachel, comemos, enviamos algunos mensajes y realizamos algunas compras. Tomamos la carretera que nos lleva por la orilla oeste a Santiago. La ruta es majestuosa, las nubes y los rayos del sol van jugando y regalándonos varias tonalidades: ahora ese verde intenso, ahora este azul cobalto o unos grises mezclados de dorados. El lago te envuelve, el lago con sus volcanes Santiago y San Pedro, te protege, el lago te da muchísima vida. Nos espera una sorpresa. Maria Ángeles ha hecho una reserva en un hotelito precioso junto al lago. ¡Es un buen regalo! Llamamos al director de nuestra nueva contraparte, Asociación de Desarrollo Comunitario del Cantón Panajab (ADECCAP), Francisco Coché Pablo y cenamos con él. Nuevamente departir con uno de los grandes protagonistas de este país y, muy especialmente, del ayer -el conflicto-. En estos días, un líder que se ha comprometido con su pueblo y que después de la tormenta injutasta: el Stan , Francisco y los suyos, han sabido darle la vuelta a una situación caótica y crear una asociación para reconvertir el problema en una gran oportunidad. ¡La historia se repite y repite! Es tarde, estoy cansado y noto que ellas también. Acompañamos a Francisco a Santiago. Nos despedimos. Empieza una lluvia fina. Pasamos dialogando una horita en el embarcadero, a lo lejos Santiago, los ecos de la noche y una lluvia que apacigua nuestro cansancio. Es una noche preciosa.

Sábado 14 de Julio: Santiago de Atitlán y sus comunidades aledañas

Me despierto en la puesta, hacia las cinco. Tengo al volcán San Pedro en mi ventana pero, nos separa el lago. No puedo dormir, las vistas, el sol, el volcán me acompañan y transportan a demasiados recuerdos vividos. Me levanto, todo el mundo duerme. Me voy a la terraza y disfruto desde las seis, de dos horas increíbles. Silencio, el despertar de la mañana en el lago. ¡El hotel y su entorno son de ensueño! Aprovecho para escribir en el diario, repasar un poco la semana, repensar los planes de la semana próxima en El Salvador. Hacia las ocho aparecen los primeros comensales y a las ocho y treinta, una María Ángeles y una Esther medio dormidas se aproximan felices. La noche les ha ido muy bien. Todos hemos descansado, lo necesitábamos. Nos visitan el dueño del hotel y el del restaurante, unos españoles que llevan años apostando por el turismo ecológico y de calidad en la región. Uno de ellos se va a casar con Benedetta, que es asesora de ADECCAP. Parece que todo queda en familia.

Nos encontramos con Francisco Coché y Benedetta en la oficina de ADECCAP. Empieza el ritual que hemos establecido con cada contraparte, presentarnos, explicar cada uno su organización, hablar del contexto del país y de la educación, hablar o consensuar los convenios AECI o platicar de los proyectos; y en lo posible, preparar una hoja de ruta del futuro en común entre las dos o tres organizaciones. En este caso, María Ángeles, como coordinadora, lleva la reunión y la voz cantante, nosotros actuamos en el momento preciso. Después, decidimos visitar los proyectos de la organización. Vamos primero a Panabaj, una aldea perteneciente a Santiago Atitlán, que quedó sucumbida por el desplazamiento de lodo y tierras del volcán Santiago. Fue una noche fatídica, un 4 de octubre del 2005, debido a la tormenta tropical Stan . Visitamos los campamentos de refugiados -o desplazados internos-. Los he vivido en Asia o África o en América, en Colombia y en Guatemala. Siempre se repite la visión y lacera el dolor de las gentes.

Pero, esta vez, me sorprende la cantidad de organizaciones que ayudaron, la sistematización en positivo. Aunque, me sigue sorprendiendo cómo la cooperación ha creado un circo -¡qué poco dista en sus “ logos” y propaganda de los circuitos de motos o de la formula uno!- Exagero, lo sé, pero ver que cada letrina lleva el nombre de Oxfam Internacional, que cada fuente de agua lleva la marca de la Unión Europea, que a la entrada del recinto vallado están la Cruz de Malta y el logo de la organización me lleva a dicha exageración. No es un circo, es gente que sufre. Posiblemente, en un país en paz y ya sin refugiados ni desplazados ni guerra, debió ser una competición de las ONG, quién o qué o cuánto invertir u ofrecer. Es el otro lado de las emergencias. La más sibilina o la más prosaica. Pero es la otra verdad de la cooperación.

De todas formas caminamos, nos impresionan sus condiciones de vida. Les prometieron que serían unos meses y han pasado casi dos años. Les edificaron unas casas, pero el gobierno hizo caso omiso de los ancianos de la comunidad y al final les dieron la razón: el lugar era el menos indicado. El lugar escogido no era el adecuado, podían tener nuevos corrimientos de tierras. Por suerte ADECCAP ha trabajado en estos años para encontrar la solución. Y se irán en breve, gracias a la AECI, a la Junta de Andalucía y otras organizaciones, a un nuevo asentamiento que visitamos y quedamos impresionados por la organización. En los ojos de esta gente se vislumbra el dolor, pero también la ilusión por su sueño, por la posibilidad de recobrar su poblado, sus casas, su escuelita… la normalidad de la vida. El dolor a muerte, el dolor a desesperación, el dolor a pérdida de los seres querido, ha encontrado una vía entre todos y todas. Ésa es la otra cara, es posible cambiar o transformar las condiciones de vida. Nos piden a ESF que estemos en el proceso y que apostemos con ellos a la mejora de la educación. Ése es nuestro reto, acompañar dicho proceso y dar lo mejor de ESF, en ello, María Ángeles con Francisco, Benedetta y otros técnicos, habrá de darle la vuelta y encontrar el proyecto conjunto que beneficie a la población. Para lo cual aportaremos la fuerza de nuestra organización para apoyarles, colaborar con nuestra capacidad y cooperar a transformar la realidad con y por la Educación.

Volvemos, comemos un pescadito en el hotelito. Saludamos en la mesa de al lado a tres cooperantes. Resultará que son los coordinadores de los jóvenes cooperantes de la Junta Castilla La Mancha, nos lo ha chivado Ignacio, el dueño del restaurante. Nos va muy bien, ya que les invitamos a un café. Hablamos de Izaskun, la técnica de la sede de Toledo que ha sido joven cooperante. Sacamos algunos puntos importantes sobre cómo mejorar el programa y nos ponemos el reto que, en el año entrante aunque sea un número menor de cooperantes, debemos mejorar la calidad de la preparación. Debe evidenciarse cómo ESF cuida, impulsa, asesora y acompaña a los jóvenes en su trabajo y su dedicación en los países a través de las contrapartes. Nos despedimos de José María Merino, el jefe de servicio, y de Evelín, la jefa de sección y coordinadora del programa, y de Juan, un compañero empresario social.

Noche en Antigua, cenita en una de sus terrazas. Vamos cerrando el viaje en Guatemala. Nos despedimos con un paseo sin rumbo por las calles, hoy sabatinas. Hemos vuelto a la civilización, las estrellas brillan y los volcanes nos recuerdan que estamos en un país lleno de contrastes: muchos de ellos aún por resolver, como el acceso a la educación y a la salud por parte de la población y, muy especialmente, de la indígena.

Domingo 15 de Julio: de Guatemala a El Salvador

Nos levantamos prontito. Sesión de e-mails , queremos dejar muchos temas de la oficina de Barcelona limpitos. También enviamos a las familias y amigos. Nos vamos a desayunar y hacemos algunas compras. Yo vuelvo a la oficina a las 11 ya que tengo una reunión de cierre, de evaluación del viaje en Guatemala con María Ángeles, en la última parte se apuntará Esther. Revisamos todos los puntos. Quedamos contentos de estos días, de los objetivos, del proceso y de los resultados, y muy especialmente, de la relación de compañerismo que hemos construido. Me siento muy bien, tengo muchas ideas nuevas, otras anteriores las he ido madurando, y de alguna manera, el viaje acerca la sede a los países y crea nuevos espacios de coordinación y colaboración entre todos los equipos y las áreas de la organización. Verdaderamente, ESF es un movimiento, “ Movimiento ”, existe una gran fortaleza en las contrapartes y en el movimiento educativo, en el que maestras y maestros ( profes ), alumnos y alumnas sus familias tienen un papel central.

Nos vamos a la compañía de buses en Guatemala Capital. Allí tomamos el bus de salida y nos vamos a El Salvador, nos esperan Begoña, la CG de El Salvador y su compañero Yoel. Nos vamos a cenar y prontito nos acostamos. Las horas del viaje nos han ayudado a cambiar de país. Nos va bien, son días muy intensos y necesitábamos ese comodín. Vienen los recuerdos, los proyectos de ESF en Guatemala, María Ángeles, tantas cosas buenas, aprendidas, compartidas, vividas entre lagos y volcanes. Bantioch! Maltioch Guatemala!

En el viaje a El Salvador comienzo mi tercer libro de cabecera, Memorias de Panabaj: destrucción y esperanza de la Tormenta Stan. Lo han escrito Francisco, Benedetta y Ana. Me lo regaló Francisco en la oficina. Son las historias de vida de Panabaj. Me impresiona cada una. Uno pensaría que no han ocurrido o que son sueños. Pero para ellos y ellas es la nueva vida. Son las historias que habríamos de contar. Copio un texto de una de ellas:

“Nosotros estábamos dormidos, no imaginábamos lo que iba a suceder. De repente una mi vecina nos despertó, pero ya no podíamos salir porque el lodo venía en ese mismo momento y arrastró todas las casas que estaban a la par de la nuestra. Nosotros, con toda mi familia, nos hundimos bajo el lodo, y nuestra casa se nos vino encima. Mis hijos están llorando y pidiendo auxilio, porque el deslave traía piedras y palos, pero nadie nos ayudaba. Era como las tres de la mañana”.

María Lacan Toj. Sobreviviente de Panabaj

Siguiente etapa del viaje: El Salvador

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